Nosé bien que habrá ocurrido,
quizás alguna bacteria entró a mi cuerpo,
que asesinó mi corazón,
dejándolo medio muerto.
Mis labios ya no regalan mi amor;
están muy secos, demasiado negros e hirientes,
por este otoño que se clavó en mi boca con pasión,
oscuro, gris y lleno de ojas malolientes.
Mis ojos brillaron un corto tiempo, y pestañean pérdidas,
de alegría, nostalgia y amor;
pero ahora no son mas que una par de aves muertas,
atropelladas por transeúntes que predicaban maldad.
A mis ancentros ya ni los recuerdo,
y el beso maternal ni lo siento.
Ahora que intento besar,
deseando recuperar,
lo que en la biblioteca de mi infancia se encontraba,
libros y libros que escribieron mi alegría,
añorando volver a esos años en que amaba,
solo encontré raíces viejas y marchitadas.
Un balde de agua me lanzo en mi cuerpo,
luchando con cuanta bacteria me entró al deseo;
pero nosé de que se trata
este apagón horrible que oscureció mis sentimientos.
Me veo en el espero y observo una triste momia,
enfriada allá en lo mas siniestro del campo,
y esperando a que pasen rápido las horas,
me quejo de que el amor y la pasión se me haya alejado tanto.
Una pelada ciudad,
ahí en lo más abandonado del poniente,
que antes era habitada con fragancia y humildad,
ahora vive la tristeza que llegó desde el malvado oeste.

No hay comentarios:
Publicar un comentario