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jueves, 4 de noviembre de 2010

La tarde llueve.

Mi ciudad está lloviendo en este momento y el cielo gris que deja caer por medio de sus nubes oscuras la lluvia hacia nosotros. La gente camina y camina alrededor mío; el bien y el mal dentro de cada uno. En todos domina una faceta más que la otra.

Observo a una mujer de edad avanzada que no puede cruzar ¿Qué haremos juntos? O ¿qué haremos por separado? Unos de largo mientras otros se acercan para ayudarle. Y ¿qué hago yo? Egoístamente y por un mal hábito sigo de largo ¿Por qué? No creo que sea por una desatención, es mas por estupidez ¿Cómo me catalogaría la sociedad? Como un héroe en forma irónica y como un torpe de manera malvada.

Y el círculo monótono continúa en cada persona: cansados, molestos, contentos, tristes y felices seguimos mojándonos con la ilusión de que esta lluvia colabora con la sabia naturaleza. Para algunos pues es un día molesto que ojala no existiera. Pero yo no tomaré esa actitud; tomaré fotografías al cielo, a los árboles desnudos, a la calle bañada y al hombre fumando un cigarrillo, y finalmente a mí bajo techo escribiendo esto con la única y mera necesidad y expresión que, a juzgar por esta belleza de paisaje, estoy muy bien y a gusto sin ti.

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