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sábado, 11 de diciembre de 2010

Un día en mi alma.

Hoy indague en el campo de mi vida, y sin querer hacer una hipérbole ni llenar lo visto en metáforas, eran demasiadas las siembras depositadas allí: no eran más que siembras puestas en mi alma y con furia y una podrida ira, crecían y se entrelazaban entre ellas. Una jauría de miedos y culpas; una multitud de sed y hambre de mi alma; un sin fin de preguntas sin respuestas. Lo que menos veía era la belleza del sitio, porque el futuro y las miradas fueron capaces de derrumbar el pilar del campo. No puedo creerlo, no puedo creer lo que estas miradas produjeron sin querer. No puedo creer hasta donde correré si en algún momento no habrá mas salida y veré si enfrento a la moustrocidad que tanto me acorrala. Moustrocidad horrorosa, demonio de mi vida que llevas rabia atacando a las almas hasta podrirlas. Enfermo y demente eres, y quieres conmigo convivir. La cruz más pesada de mi existencia: convivir contigo, demonio frustrado.

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