Miré al fondo de mi espíritu y observé los candados más apretados jamás vistos en mi vida pasada; candados que guardaban los miedos mas siniestros y oscuros que padezco sin dejarlos liberar. El mundo me ofrecía la salida para ellos y a la vez el respiro de mi alma, pero no podían salir. Encadenado y amarrado con fuerzas a la invasión del miedo y la desesperación, escucho la linda melodía desde lo lejos y en el horizonte del mar observo mi salida, pero no puedo nadar ni tengo las herramientas para llegar al otro lado, y solo quedo en la deriva de la arena caliente y cruda.
Tu alegría me inunda hacia abajo y solo veo a mi pasar la vergüenza; lleno de ira y desesperación a causa de la maldad que pasa frente a mis narices, actúo bajo mecanismos inhumanos, y solo me queda la desdicha de padecer en este sitio donde los recuerdos mas morbosos y terribles salen a la luz para destruirme el presente que se estaba construyendo. Ya la desesperanza es habitual en esta alma, la ira es algo incontenible, pero veo una pequeña luz al final del túnel que no se apaga nunca, estoy por alcanzar ¡bendita seas luz sagrada!, pero a poco decae y se apaga frente a mí.

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