Voy llegando al calbario incendiado completamente,
allí donde mi pies deben pisar todo el fuego,
donde se huele el humo de desesperanza,
donde descansan mis sueños podridos y ediondos por la vejez.
Las cenizas me chocan con rabia a la cara,
y mis piernas se van a quebrar en pocos segundos,
no es sino mi saliva, la unica fuente de agua que me sobra.
Cierro mis ojos y lloro de pena al recordar el paraíso de donde vengo,
cuando el amor con la esperanza bailaban en el cielo,
una danza de felicidad que mis ojos admiraban,.
¡como lo recuerdo! ¡como lo hecho de menos!
Abro mis ojos y allá a lo lejos entierro mis más profundos recuerdos,
tapizados por miedo y cobardía,
rendido frente a una marejada de problemas,
tullido en medio de una sociedad.
El poder de las piedras del monte me clavan los pies para chuparme la sangre,
y ya ni fuerzas tengo para defenderme.
Una melodía hermosa y lejana me grita que vaya,
y cuando intento correr para abrazarla,
quedo petrificado ante el calvario que debo cruzar sin excepción,
ese que hierve, que me quema, que tiene hambre de mí.
Lentamente mi alma se derrite en mi pecho,
la espelma es recogida para los pobres,
ya nada debo entregar y nada mas debo pagar,
solo bastaron mis mas grandes sueños que me mantenían vivo,
y un cargo de desamor de por vida en mi contra.

No hay comentarios:
Publicar un comentario