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lunes, 11 de octubre de 2010

En el abismo de mi mismo

En el peculiary armonioso estado de placer, donde lo más terrible se me hace innato por unmomento, el dolor se apacigua y el silencio me consuela. Es allí donde mi alma,mi emoción y mi espíritu quieren estar. En ese lugar tan inmenso que yo y mipueblo busca y anhela con ansias.


¡No! Deboasumir la triste realidad; en la cima de los lamentos, en el candado de lastristezas, en el monte de los miedos, es donde mi alma habita y se desliza; yase acostumbró a estar allí. El flujo de mi sangre se derrama por mi cuerpo,como señal de tus traiciones; el cuchillo que porta tu mente es enterrado a mícon profundidad, y el lamento crece y crece sin parar, como un bicho pisoteadopor un mastodonte. Análogo a esa metáfora está mi alma en medio del mundo.


Veo el muro de mi sombra, donde se revela mi debilidad; la gente mepregunta como no seguir adelante. Tú tienes la fuerza que me falta, dame aunquesea un vaso por favor; el lamento ya se hace cotidiano y el grito de esperanzadesaparece de mi vista y se pierde en la niebla; ¡OH! El silencio se fue, ahoraquedan solo ruidos de gente que no las comprendo. 

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