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domingo, 3 de octubre de 2010

Yo soy el grito del lamento.

Soy el deseo que se esfuma entre la niebla y el humo de cigarrillo que quiere ser una hermosa nube, pero no lo es ni nunca lo será. Yo soy el ritmo en los oídos pobres y el mal juego de naipes entre manos de farsantes. Extraño el pasado y solo vivo al paso de la vida, pero lo curioso es que nadie se da cuenta. El puente que me sostiene se quiebra a pedazos. Ya el futuro es incierto y la vida me da vuelta su  cara. Soy el parque grande pero sin gente y estando vacío de alma y cuerpo avanzo entre el barro del amor.

El llanto se me agudiza en mis oídos entre el laberinto de mis miedos; estos se encuentran en una red que me encarcela día a día y no me deja salir. Ya la mesa está servida y los alimentos están envenenados de diferencias, de peleas, de guerra y violencia que sale por los poros. Y yo aquí entre el límite de la balanza solo me queda arrojarme al vacío ¿Dónde caeré? ¿Estaré en el infierno o en el paraíso? ¿Hay alguien que me puede sostener en mi caída? Con compasión ruego que me sostengan y haga que viva en paz para poder conocer el amor fluyendo por mis venas, y la tranquilidad encruzado en mi corazón para que la ansiedad por la paz se me agudice, aunque sea poco a poco.

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