Y hasta aquí se ha llegado y ya no hay más; al borde de la humillación, en el portal de la vergüenza y en la estocada de la malicia más grande. La obsesión me la ganó y fue el triunfador. A veces te felicito porque ya me has absorbido mis fuerzas.
Mis ojos ya ven nada, mis oídos no escuchan absolutamente nada y mis cuerdas vocales están mudas. Eso no es todo, ya mis piernas no caminan y solo el corazón me funciona. Pero lo único que bombea es sangre envenenada. Dispara si quieres, total ya no hay nada y siéntete triunfador.
Aspiré a la verdad, quise en mi la vida y la ayuda de la espontaneidad. La verdad se fue y me dejó solo y la vida con la espontaneidad no quisieron ayudarme y podían haberme salvado.

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