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viernes, 1 de octubre de 2010

El refugio de mi ser.

Caminando voy por las calles y bajo las grises nubes del cielo rellenas de gotas que caen muy fuerte en mi cara, busco un lugar que me acoja; que me de calor y armonía a mi persona.

Y cuando encuentro una cabaña, no puedo verla bien porque las lágrimas no me lo permiten. Pero son lágrimas de alegría, porque sé que allí dentro habrán voces que me hablarán con amor y manos que me tocaran apasionadamente.

Me acerco pues, hacia ese encuentro maravilloso entre yo y la armonía. Intento abrir la cerradura, pero está muy apretada. Golpeo la puerta, pero no abre nadie. La ventana está empañada de aliento, producto de las risas de felicidad de quienes están allí dentro.

¿No desean cubrirme? ¡Abran la puerta! ¡Abran las ventanas! Me congelo aquí afuera y no puedo resistir más. Convídenme amor, esperanza, felicidad. Permitan entrar para que mi alma en mil pedazos se pueda unir de una vez por todas.

Solo pido que la nostalgia sea mi recuerdo; la paz mi sombra y el amor sea un mar que me hunda por completo ¡Abran la puerta! No la cierren por favor.

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