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miércoles, 22 de septiembre de 2010

Día Gris

Cuando mi mente se nubla
y el puño está muy apretado,
hasta sonrojarse como un avergonzado;
mi alma apenada y sin salida interrumpida
como la desdicha
de un verdadero desquiciado,
y una femicida.

Mi conciencia pesada ya por mis pecados.
A  la derecha el corazón oscurecido,
y a mi izquierda mis deseos apretados,
lanzados al aire y caídos bruscamente en el camino.

Caen al suelo y no dejan de ser pisoteados:
algunos no se dan cuenta,
otros si,
y vuelven a basurearlos.

            ¿Qué pretende la vida?
            ¿Golpearme gasta destruirme?
            ¿Quebrarme el corazón en mil pedazos hasta hundirme?

            Dudo que haya sido enviado para esto,
            a sobrevivir a un manantial hinundado de veneno.
            No hay ni una sonrisa en mi rostro,
            y menos una carcajada desde hace tiempo.

            A esto he de mantenerme,
            como un explorador tratando de cruzar el pantano,
            y que sin fuerzas se va quedando,
            para que al final sin fuerzas sea devorado.




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