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miércoles, 22 de septiembre de 2010

El delirio final

Ya mi cuerpo está cansado y mis manos no soportan mucho peso. Sentado en estas sillas antiguas y en esta cama que me recibió siempre, son los sitios que mas ocupo. Con profundo anhelo y alegría recuerdo ese pasado que viví y que fue inolvidable. Donde conocí los valores de la vida, los buenos consejos de  quienes habían vivido más que yo. Cuando escuché voces que me levantaron de la mugre y manos que me llevaron por verdaderos paraísos terrenales. Gracias por todo ese amor que me entregaron; se los agradezco eternamente.

            Pero me es irremediable olvidarme del infierno que fueron, las  voces que me hundieron; que me hicieron creen que era un  estorbo para sus vidas y produjeron que me creyera un bicho raro entre seres humanos. La muerte de quienes partieron y dejaron una herida imborrable en mi corazón. Todavía los recuerdo a pesar del avance de los años. Y ahora donde estoy, me salen lágrimas profundas por no tenerlos aquí a mi lado. Imborrable ver como a veces derramabas el amor de un corazón, y yo desesperanzado en la oscuridad. O cuando me levantaba de la tierra y verte tan infeliz. El miedo era mi pesadilla; la soledad una cruz en mi espalda y la obsesión mi gran muralla de mi existencia.

            Ahora estoy aquí solo, viejo y delirando. Espero encontrar la paz que no alcancé a gozar en este mundo. A lo mejor estaba cerca, quizás lejos. Puede que no haya luchado lo suficiente como puede que esta solo huyó de mi vida. La esperanza me mantiene expectante a vísperas de saber que mi alma descansará en esa paz que todos deseamos y sé, lo sé perfectamente que allí esta con los brazos abiertos para recibirme.

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