Mis ojos eran dirigidos siempre para ti; mi mirada quedaba paralizada al verte fijamente; yo te observaba desde un sitio tan profundo, en el cual te encontrabas en lo más alto y acudía a ti para poder subir un escalón día a día. Te acercabas diariamente, y mi corazón latía y palpitaba de nervios, combinados con una ansiedad de disfrutar de un momento contigo. ¿Qué podía ser mejor que tu? Con tantas ganas deseaba verte, ¡y lo lograba! Pero solo te conocía en el exterior; ¡Sal de la niebla; ¡muestra tus entrañas!; ¡deja mirarte desde lo profundo de tu espíritu! ¿Qué es esto? Me hiciste caso, saliste de la silueta y al fin descubrí quien eres. Tus manos saludaban amorosamente hasta que te daba mi espalda y tú proseguías a enterrarme una profunda puñalada; tu corazón solo se guía por la envidia y te alimentas del llanto de los demás ¿Cómo pude estar al lado de tal horrorosidad? ¿Cómo soporté tanta maldad en mis manos? Tu pasatiempo favorito es espantar y angustiar un alma débil, y tu diversión se centra en el sufrimiento de aquellos que solo quieren amar. El verte con seguidores me entristece, al fijarme como se desvían y te siguen en tus horribles engaños. Apunto estuve de nadar en tu profundo mar. Hasta que saliste de la silueta y me dí cuenta del remolino con sangre que me iba a empapelar por completo. Hubiera deseado pasar de largo, antes de haberte conocido. Aunque esta experiencia me hizo más fuerte, dejaste huellas imborrables en mi alma, ya que no me olvidaré de tu traición jamás.

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