Ya los miedos salieron a flote; las preocupaciones tienen su lugar y el lamento acompaña al anhelo en su puesto. Con una fuerza enorme permanecen allí. Oigo el ruido de mis quejidos; lloro cuando escucho el murmullo de mis peticiones de ayuda, pero aquí sigo en pié y continuando el camino que a menudo, me sale con estorbos.
Con mi puño apretado continuo el camino, no sin estorbos. Las tinieblas me salen al paso ahogándome con su oscuridad completa; estoy ya acostumbrado, y resignado ante sus intenciones.
Mi mano está golpeada y apretada; estoy lleno de temor, de angustia, con sensación de desmayo me quedo inmóvil para luego pensar en que hacer. Pero nada, nada puedo hacer porque la soledad es mi única compañía y la espontaneidad no la obtengo.
Sueño con el amor, sueño con la vida, sueño con tu rostro luminoso, y sueño con la libertad. Sueño con el cielo y con mi alma descansando, pero abro los ojos y estoy en el centro de un cerro en medio de la noche invernal.

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