No puedo quitarme de la cabeza la felicidad que viví; no puedo sacarme de la mente el paraíso que sentí en mi sangre; ¿cómo olvidar aquello? Si fue algo hermoso. Me siento a meditar lo que vivo ahora; siento el órgano sonar muy de cerca. Es mi única ayuda para sacar la lágrima que está en lo más profundo de mí ser. Estaba allí esa lágrima, no podía salir de las paredes de mi espíritu. Suena y suena el teclado, y va saliendo el llanto a través de mis ojos. Rezar, gritar, arrodillarme, intentar sostener aunque sea un dedo. Pena siento de tu partida; pena siento de mi soledad; pena siento de mi obsesión y de no ver la otra faceta hermosa de aquello, y crearme un mundillo que quizás no exista, pero para mí sí. Pena de mirar como muchos no disfrutaron conmigo en la alegría, y ahora recuerdo eso con un gran anhelo. Mi sentimiento estaba allí, mis emociones eran una, y el piano seguía sonando a medida que mi lágrima salía por mis ojos y bañaba mis pestañas. Descendía por mi mejilla junto con otras que le seguían. Ni un solo foco me iluminaba, todo lo contrario, se apagaban cuando me acercaba a ellos. Este martirio me tiene así; creando una poza de lágrimas en mi corazón, estas salen hacia fuera. Sentía esto como nunca. Es igual a que si yo mismo hubiera explorado dentro de mí. Es la lágrima profunda.

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